17 de agosto de 2012

La Verdadera Riqueza y Prosperidad



Existe un Pacto de riqueza establecido en la Torá “Ahora, cumplan con cuidado las condiciones de este pacto para que prosperen en todo lo que hagan”. Deuteronomio 29:9 NVI

Muchas veces la oposición, la persecución y otras tantas cosas ocurren con el único propósito específico de obstaculizar nuestro progreso económico e influencia en los negocios.

El Señor prospero a Israel cuando los sacó de la cautividad egipcia y les ordenó que atravesarán el Jordán prometiéndoles tener éxito si lo seguían. La palabra éxito (es en todo lo que realices, todo te saldrá bien). “Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito” Josué 1:8 NVI

Se ha dicho y hablado tanto de prosperidad, sin embargo la prosperidad es una habilidad de seguir la voluntad de Dios para dejar la condición actual y tomar un nuevo rumbo en decisiones que fundamenten el camino de una vida abundante. Diría que la prosperidad es aquel viaje progresivo de avance de un punto a otro. En el cual se debe actuar con sabiduría.

¿Cómo sé que soy una persona prospera? Hay tres señales que nos hablan al respecto, la primera éxito en el viaje, la segunda victoria en las guerras, la tercera el trabajo de nuestras manos. Estas tres cosas las vivió Israel y aún las sigue viviendo. Todas estas cosas antes mencionadas son señal de prosperidad y de que Dios ha confirmado su Pacto con su pueblo, son señal de que el favor de Dios está allí presente. Revísese 2 Crónicas 26:5 que se refiere sobre la Tierra que les había prometido. En Nehemías 2:20 sobre los cautivos cuando regresaron de Babilonia, le pidieron a Dios que les prospera al reconstruir el Santo Templo. Somos bendecidos y tendremos éxito por medio del trabajo de nuestras manos, Salmo 1:3

Todo esto fue evidencia de los Beneficios visibles que vivía Israel y demuestran que la bendición y el favor de Dios estaba con ellos. “Recuerda al Señor tu Dios, porque es él quien te da el poder para producir esa riqueza; así ha confirmado hoy el pacto que bajo juramento hizo con tus antepasados”. Deuteronomio 8:18 NVI

Las riquezas son recursos, bienes en utilidad, al seguir el Pacto de Dios estos recursos son más abundantes, dándose un ciclo (algo que se repite cada cierto tiempo) progresivo de beneficios.

Necesitamos sabiduría para administrar las riquezas, aquellos recursos que tienen un propósito en nuestra vida. Sabiduría es la capacidad de resolver los problemas, las circunstancias que se nos presentan en la vida a través de activar las promesas de la palabra de Dios, a esto le llamo “Sabiduría de lo Alto” esto es aplicar la Palabra de Dios a una situación específica. La sabiduría abre puertas a una prosperidad espiritual, mental, física, emocional y financiera. La verdadera sabiduría es la habilidad de aplicar el conocimiento con el fin de ayudar a las personas y establecer que las cosas funcionen de manera apropiada y en su orden divino.

Los recursos que me permitirán tener progreso en mi vida dependen mucho de la condición de mi corazón y de la semilla. “Toda la vida está en la semilla”. El objetivo principal de una semilla es germinar, dar fruto y reproducirse. Sin embargo el campo donde debe ser sembrada esta semilla es en la Obra del Evangelio del Reino aquí en la Tierra.

El Apóstol Pablo dijo en una ocasión: Que la razón para apoyar su ministerio era que el fruto espiritual sería acreditado en el cielo, a los que le ayudarán alcanzar a los perdidos. “No digo esto porque esté tratando de conseguir más ofrendas, sino que trato de aumentar el crédito a su cuenta”. Filipenses 4:17 NVI

Todo lo que el hombre sembrare eso segará. Por sembrar y contribuir con la Obra de la propagación del Evangelio logrará frutos eternos (almas) acreditadas a la cuenta celestial. Lo que significa que serán recompensados por ese acto de obediencia en el tribunal de Cristo. La semilla no se trata solo de dinero, es también todo lo que hacemos en el Reino de Dios, se puede comprender como un principio de la semilla, por ejemplo cuando oramos por alguien, al testificar, ayudar a otros, propagar el Evangelio, etc. El Reino de los Cielos opera por medio de dos principios el de la siembra y el de la cosecha (semillas de fe).

Para vivir al Ritmo del Reino de los Cielos debe aplicar en su vida estos principios. ¿Qué es la semilla? La semilla puede ser cuatro cosas, un descendiente suyo, es decir gente que no ha nacido, también puede ser la que produce un árbol, o la fe que usted tenga “Les aseguro respondió Jesús que todo el que por mi causa y la del evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o terrenos, recibirá cien veces más ahora en este tiempo (casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y terrenos, aunque con persecuciones); y en la edad venidera, la vida eterna”. Marcos 10:29-30 NVI, también representa la palabra de Dios.

Jesús dio una promesa a la persona que abandonará la seguridad del hogar, la familia, su tierra, para obedecerlo y viajar a predicar el Evangelio, “El retorno del ciento por uno”. Se preguntará ¿Cómo ocurre este misterio? El Señor en muchas ocasiones nos ha hecho experimentar estas cosas, por ejemplo la hospitalidad, recuerdo bien como fuimos recibidos por unos hermanos mesiánicos hace ya un tiempo atrás donde sentimos como si siempre hubiéramos vivido en esa casa, esa noche tuvimos camas, pijamas, comida, techo, baños para lavarnos y asearnos. Nos hizo habitar en familia, esa noche ellos eran nuestros hermanos. Solo Elohim, Padre Eterno hace estas maravillas, la gracia de su Espíritu. En otras ocasiones nos han invitado a comer a sus casas, o nos han regalado cosas que necesitábamos pero como Adonay conoce la petición de nuestro corazón, ocurre de un momento a otro y envía los recursos.

Así es este misterio y aunque esa no era nuestra casa, siempre lo será porque el Señor hizo Pacto con su pueblo y el que nos recibe a nosotros lo recibió a él. Siempre serán nuestros hermanos, porque hacen la voluntad del Señor.

Lo cierto es que el dar se ha corrompido, sin embargo Dios aún mantiene su fidelidad, sus promesas y su Pacto con aquellos que tienen un corazón sincero.

Respecto a la última sobre la palabra de Dios, en Marcos 4 la Parábola del Sembrador. En esta Parábola el terreno es la condición del corazón. El terreno no es el ministerio sino la condición de su corazón. La semilla es la palabra de Dios sembrada en su corazón humano. Y la semilla cae en ese terreno, donde su corazón es la tierra, si no está debidamente preparado la semilla no dará fruto, quiero aclarar algo, el diablo no ataca la semilla sino la tierra donde cayó. También hay pájaros (espíritus) que intentan eliminar la verdad que ha sido plantada en su corazón. En esta Parábola el Señor hace un énfasis en la condición del corazón del hombre y no en la semilla, ni en la cantidad.

Muestra cuatro tipos de terrenos, el primero “junto al camino, una condición de un corazón endurecido, donde no hay vida espiritual”, el segundo “un terreno pedregoso, un corazón sin raíces, una vida completamente superficial”, el tercero “espinoso, un corazón mundano que quiere su espacio, una vida ahogada” y el cuarto “fructífero, productivo, un corazón recto y justo, una vida exitosa conforme a la palabra de Dios”.

Las cuatro realidades del terreno fueron las actitudes y condiciones de los corazones de quienes escucharon la palabra de Dios (que es la semilla espiritual). La cantidad de retorno (cosecha) que se refiere en Marcos 10:29-30, está supeditada única y exclusivamente a la condición espiritual de tu corazón.

Los que recibirán un retorno de su inversión espiritual (unos a treinta, otros a sesenta y otros a cien por ciento), son aquellos que escucharon la palabra de Dios, la recibieron y actuaron conforme a la palabra de fe. Quiero decirles algo es precisamente en tu corazón donde la semilla que representa la palabra de Dios morirá o crecerá.

De esto depende tu vida espiritual, por lo tanto exhorto al arrepentimiento de pecado en tu corazón. No hablo de una conversión sino de un verdadero nacimiento en el Señor Jesús. Porque muchos se convierten pero continúan con viejas cosas, el verdadero nacimiento testifica el estado de vida que llevas por dentro, lo hace visible y lo muestra al mundo. Un corazón sensible, receptivo que ha retornado a Dios disfrutará del cambio que la palabra de Dios hace en su vida y experimentará el verdadero gozo, la paz del Señor.

La Parábola de la siembra de la semilla de la palabra de Dios, nos habla también de una cosecha, que provee resultados espirituales (como personas salvadas por la predicación del Evangelio). La preocupación más grande que sufre y vive el Reino de los Cielos es la Cosecha de almas, este el punto central que Jesús anhela que nos enfoquemos todos los que hemos escuchado su mensaje.

La recolección, la siega y la cosecha “Es ganar gente, pueblos, naciones para el Reino de los Cielos”. El Señor sí bendice nuestro dar aquí en la Tierra, Lucas 6:38 “Medida buena, apretada, remecida y rebosando”.

A Jesús le interesas mucho y sobre todo tu corazón, si recibes la palabra de Dios con un corazón abierto y creyendo en Él y en sus promesas, iniciará un cambio que liberará el poder que ha sido depositado en ti a través de la semilla, la cual germinará y dará nueva vida, crecerá y será fuerte, caminará en la voluntad del Altísimo, vivirá en su temor y plena obediencia, escudriñara día tras día su palabra, tendrá conocimiento y sabiduría, será exitoso en todo lo que emprenda.

La difusión del Evangelio del Señor Jesús es necesaria, hay muchos por alcanzar todavía, el ardiente fuego de la batalla se siente, las saetas no paran de lanzarse, cada vez que alguien recibe el mensaje de Salvación esta ganando a toda una generación, la descendencia tuya cuenta, piensa en los que no han nacido, y en los que están por nacer, piensan en los que nunca han escuchado de Él y lo que enseñó y dijo, piensa en los que no tienen esperanza de vivir por las pocas fuerzas que les quedan, piensa en los desamparados, abandonados, huérfanos, piensa en la juventud, en los niños, en los ancianos que aún están, todos ellos merecen oír, conocer que hay un Salvador esperando que tu siembres para que otros reciban la semilla en su corazón y tengan vida.

Tú tienes el poder en tus manos para cambiar vidas. A nosotros los hijos del Rey nos fue dado el poder de dar vida o quitarla, entonces usa ese poder “En nuestra boca esta el poder de la vida y la muerte”. Siembra lo que el Señor coloco en tu corazón y la semilla del Evangelio correrá a donde tú nunca imaginaste, a lugares que nunca pensaste que llegaría. En ti esta el poder de salvar a otros.

Despierta tu que duermes, levántate, resplandece, elévate, alza tu mirada, observa a tu alrededor que los confines de la tierra necesitan conocer al Salvador.


"Por lo tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios". « Efesios 6:13-17 »